Todos en los pasadizos del prostíbulo comentaban el final de los ancianos.
Mientras la puta en contubernio con el de seguridad seguían cavando y cavando, mientras Carazas roncaba y mi abuelo no dejaba de mirarle el enorme culo blanco de nalgas rechonchas a la puta.
Hasta que un grito estremeció el cuarto.
“Pero que mierda es esto, auxilio” gritó la puta, mientras que el de seguridad intentaba calmarla.
Mi abuelo se levantó de la cama, Carazas se despertó pronunciando el nombre de su padre.
“¿Ustedes, ustedes sabían de esto?”, mi abuelo quedó perplejo al observar el esqueleto de un hombre en medio del cuarto.
“Este muertito, estará aquí ya más de cincuenta años” dijo riendo el de seguridad. “Seguramente era vuestro congénere”, concluyó riendo.
“Caramba, por Dios, que un muerto y mi tesoro”, inquirió muy molesto Carazas.
“Cual tesoro, me cago en su tesoro, no saben en los problemas que me voy a meter cuando la matrona descubra que me dejé convencer por un par de ancianos que me ofrecieron cinco mil dólares si es que les ayudaba a encontrar un tesoro escondido en mi cuarto y terminé encontrando el esqueleto de un hombre” Dijo la puta al borde de la histeria.
La gente afuera estaba esperando a que abriera la puerta.
Unas sirenas se escucharon afuera. Un grupo de clientes habían dado parte a la policía por la supuesta muerte de los ancianos.
-¡TOC!-¡TOC!, abran la puerta, es la policía, dicen que hay dos muertos enterrados allí.
“Me cago en la policía, siempre exagerándolo todo, y ahora dicen que hay dos muertos cuando acabamos de descubrir uno, yo no abro la puerta mierda, fácil hasta nos culpan de este homicidio, tomando en consideración que es mi cuarto, pero no podrían porque el cuerpo tiene más que mi edad ¿verdad?” Dijo la puta desesperadamente.
“A ti no te cagaran pero la cagaran a la matrona, a la dueña, y si la cagan a ella, nos cagamos todos” concluyó el de seguridad.
-¡Toc!-¡toc!, abran la puerta o la derrumbamos”, advirtió por última vez una voz sólida que veía desde el otro lado.
“¿Pero como se enteraron de todo esto?, ¿quién llamó a la policía?” inquirió la de nalgas rechonchas y tanga negra.
Carazas se desesperó por un segundo e insistió en que se siguiera cavando mientras mi abuelo estaba preocupado por la presencia policial.
Afuera, todos exigían a la policía que sacaran los cuerpos de los dos abuelos que en cuestión de segundos se habían convertido en los héroes de muchos jóvenes. “Si vieran entraron los dos”, “yo escuché que le ofrecieron cinco mil dólares a la puta”, “yo le ayudé a encontrar el cuerpo de la tesorito, si hasta tenían un plano y todo”, “yo vi que entraron con varios condones y pastillas de viagra” “yo escuche que la puta gritaba y pedía más”, “yo vi que el abuelo entro con látigos y bolas metalicas”
Mientras la puta en contubernio con el de seguridad seguían cavando y cavando, mientras Carazas roncaba y mi abuelo no dejaba de mirarle el enorme culo blanco de nalgas rechonchas a la puta.
Hasta que un grito estremeció el cuarto.
“Pero que mierda es esto, auxilio” gritó la puta, mientras que el de seguridad intentaba calmarla.
Mi abuelo se levantó de la cama, Carazas se despertó pronunciando el nombre de su padre.
“¿Ustedes, ustedes sabían de esto?”, mi abuelo quedó perplejo al observar el esqueleto de un hombre en medio del cuarto.
“Este muertito, estará aquí ya más de cincuenta años” dijo riendo el de seguridad. “Seguramente era vuestro congénere”, concluyó riendo.
“Caramba, por Dios, que un muerto y mi tesoro”, inquirió muy molesto Carazas.
“Cual tesoro, me cago en su tesoro, no saben en los problemas que me voy a meter cuando la matrona descubra que me dejé convencer por un par de ancianos que me ofrecieron cinco mil dólares si es que les ayudaba a encontrar un tesoro escondido en mi cuarto y terminé encontrando el esqueleto de un hombre” Dijo la puta al borde de la histeria.
La gente afuera estaba esperando a que abriera la puerta.
Unas sirenas se escucharon afuera. Un grupo de clientes habían dado parte a la policía por la supuesta muerte de los ancianos.
-¡TOC!-¡TOC!, abran la puerta, es la policía, dicen que hay dos muertos enterrados allí.
“Me cago en la policía, siempre exagerándolo todo, y ahora dicen que hay dos muertos cuando acabamos de descubrir uno, yo no abro la puerta mierda, fácil hasta nos culpan de este homicidio, tomando en consideración que es mi cuarto, pero no podrían porque el cuerpo tiene más que mi edad ¿verdad?” Dijo la puta desesperadamente.
“A ti no te cagaran pero la cagaran a la matrona, a la dueña, y si la cagan a ella, nos cagamos todos” concluyó el de seguridad.
-¡Toc!-¡toc!, abran la puerta o la derrumbamos”, advirtió por última vez una voz sólida que veía desde el otro lado.
“¿Pero como se enteraron de todo esto?, ¿quién llamó a la policía?” inquirió la de nalgas rechonchas y tanga negra.
Carazas se desesperó por un segundo e insistió en que se siguiera cavando mientras mi abuelo estaba preocupado por la presencia policial.
Afuera, todos exigían a la policía que sacaran los cuerpos de los dos abuelos que en cuestión de segundos se habían convertido en los héroes de muchos jóvenes. “Si vieran entraron los dos”, “yo escuché que le ofrecieron cinco mil dólares a la puta”, “yo le ayudé a encontrar el cuerpo de la tesorito, si hasta tenían un plano y todo”, “yo vi que entraron con varios condones y pastillas de viagra” “yo escuche que la puta gritaba y pedía más”, “yo vi que el abuelo entro con látigos y bolas metalicas”
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