-No puede ser, ¡¡¡¡esto no puede ser!!!, ingresó por la puerta de calle refunfuñando mi abuelo.
-¿Que es lo que te sucede?, ¿Cuéntame abuelito?, le pregunté desconcertado.
-La pobre diabla, esa mujerzuela, me engaña con un negro miserable, las mujeres de ahora son unas tramposas, esto es el colmo. Dijo en tono enérgico temblando achacosamente su cuerpo con cada palabra que pronunciaba.
-Pero, ¿que es lo que pasó?, pegunté morbosamente.
-Si , es que me escapé y fui a visitarla a su casa, donde no escuché más que gemidos de placer, la puerta estaba abierta e hice mi intromisión en el cuarto de donde venían los gemidos, no había duda de que se trataba de ella, pero ¿con quién ?, allí estaba el problema. Luego de que la viera revolcándose con el negro aquél, ella quedó perpleja al percatarse de mi presencia, inmediatamente de dos palabras bien enérgicas los interrumpí poniendo las cosas en sus sitio, y me retiré. Esto es el colmo, y ahora que lo veo bien el chaval aquél que dice que es mío ni se me parece, ya decía yo porque era de suponerse que aquél color no estaba en mis genes. Concluyó mi abuelo.
Cuando en el comedor mientras almorzábamos se puso a llorar, a maldecir a las mujeres tramposas, a las jugadoras, a las perdidas, mi abuela para variar intentaba hacerse la desentendida, pero no pudo más con su genio y dejando de lado de que aquello era posible llamarlo caduquez o conchudez bien las intenciones de querer hacerse la desentendida se fueron de una sola a la porra.
-Viejo de porquería habla bien que no todas las mujeres somos zorras, seguramente tu madre y las mujerzuelas con las te acuestas serán lo que tu dices, pero jamás yo, nunca porque eso me viene en la sangre.
-Que sangre ni que sangre no recuerdas como nos revolcábamos en el bosque, acaso no vivimos nuestros encontrones de pasión, dijo mi abuelo en tono sarcástico y sincero.
Bastaron estas palabras para que al fondo viera nuevamente a mi abuelo con el sombrero en la mano, escapando esta vez de la escoba que llevaba mi abuela puesta sobre su cabeza.
-Repite lo que dijiste viejo insolente, ¡repiteeeeeeee!