lunes, 18 de abril de 2011

MILLONARIOS (PRIMERA PARTE)

Por los pasadizos de la casa enorme, los primeros rayos de sol quemaban los arcos de piedra. Cirila preparaba el desayuno, jugo de papaya, y un par de huevos fritos con queso. Juan, mi abuelo salió de su habitación como un resorte, como el pajarito de madera que salía a cada hora del reloj “Cucú” de la sala. El teléfono empezó a sonar, era su amigo Carazas, mi abuelo dio un par de carcajadas al viento, se acarició las barbas canas y se dirigió a la cocina.

A la media hora, sonó la puerta de calle, el llamador metálico clásico, Cirila intentó abrir pero mi abuelo bajó corriendo las gradas ansioso cual niño por sus caramelos.

-¿Carazas que novedad, caramba, trajiste lo que me dijiste por teléfono?.

Ambos se dieron la mano, y abrazaron cual amigos de la infancia.

-“Si aquí lo tengo, mi anciano padre me lo dio. Dijo Crisólogo Carazas.

-¿Te lo dio antes de morir?, inquirió mi abuelo.

-Ja, ja, ja, Juancito tu siempre con tus bromas, si me lo dio ayer durante el desayuno, si mi padre sigue vivo, si ya te lo dije, al igual que mi madre. Ese Juancito siempre con tus bromas, no cambias, dijo riendo Carazas mientras levantaba su sombrero para rascarse la cabeza.

Mi abuelo se hizo el tonto.

-Bueno, bueno, no hablemos de esas cojudeces que después término por mandarte al diablo, esas cosas no me interesan. La cosa es que tienes el mapa donde está escondido, la herencia que te dejó tu padre que….que... que aún está vivo. Dijo mi abuelo intentando mantener la fiesta en paz.

-Si Juancito, aquí esta.

A mi abuelo le brillaron los ojos, estaba impresionado, era un mapa antiquísimo, de cuando la ciudad del Cuzco era colonia Española.

En el fondo había una cruz, muy abajo del pueblo, en los años 1700, cuando el barrio de Santutis era la hacienda de Don Hidalgo Fernando Mar del Plata y Godoy de las Tres Cruces de Oro, caballero Hidalgo de Cataluña.

Ambos se dirigieron a la camioneta de mi abuelo, la cual arrancó a muy duras penas. Primero chocaron tres veces en la columna derecha, después otras tres veces en la columna de la izquierda, cuando por fin lograron avanzar por el ancho pasadizo depiedra se terminaron llevando de encuentro al pobre triciclero ambulante que vendía helados en la esquina, el carrito dulcero quedó hecho trizas. Mi abuelo, ni tonto, ni perezoso, abrió su billetera y le entregó setecientos soles, dinero que minutos antes había recibido en pago de los alquileres de una de sus tiendas por parte de uno de sus inquilinos. El triciclero quedó contento, aunque todavía un poco adolorido y consternado por lo sucedido.

Ambos llegaron a la avenida El Sol, el tráfico era implacable, la gente adoraba al santo de su predilección, era fiesta de CORPUS CRISTI. En el Cusco en dicha festividad, la gente, saca a los santos de sus iglesias y las hace pasear, alrededor de la plaza de armas, con bandas musicales, y bailarines. Desde las 9 am hasta las 8 pm.

-Este atolladero del carajo, me tiene empinchado, dijo mi abuelo.

-¡Juancito!, ¡Juancito!, ¿quién es ese señor que está siendo cargado en andas por tanta gente?, a carambas por allá está otro, y por allá aquella dama de piel blanca. Dijo Carazas impresionado.

-No son personas Carazas, son muñecos de yeso, es CORPUS CRISTI, ya nos ensartamos carajo. Respondió mi abuelo muy malhumorado.

La camioneta llegó al correo de la ciudad es decir a 10 cuadras de donde habían salido. Eran la una de la tarde, la gente, empezaba a bailar y las comparsas a reventar en canticos musicales.

De pronto mi abuelo y su amigo no pudieron contener el hambre y se bajaron dejando la camioneta en medio de la pista abandonada, ya que el tráfico estaba paralizado.

Cuando almorzaron la gente empezó a insultar a los dueños de la camioneta, lanzándole huevos y basura, mi abuelo al regresar maldiciendo a medio mundo ingresó a su camioneta, la gente tuvo conmiseración al ver a los dos ancianos subir a la camioneta, especialmente cuando al pobre Carazas le empezó a dar diarrea en los pantalones del susto.

-¡Juan!, estos indios no matarán, estamos perdidos, te quieren ahora expropiar la camioneta, cuídala, ¿trajiste tu carabina verdad? Advirtió temblorosamente Carazas.

-¡Si!, si Carazas, déjate de vainas y vámonos, lo que sucede es que dejamos mal estacionada la camioneta e interrumpimos el transito, sino fuera porque hay tanta gente la grúa me la hubiera llevado al depósito.

Al cabo de dos horas lograron librarse de la turba festiva, y de todos los santos que Carazas creía que eran gente importante en andas cargada por el pueblo.

Cuando llegaron a la parte moderna, los edificios y los supermercados los confundieron un poco.

-Vaya, vaya las cosas han cambiado mucho por aquí, dijo mi abuelo.

-Si Juan, si vieras que no reconozco donde estamos.

Se estacionaron en una esquina, y empezaron a analizar mejor el mapa, cuando se ubicaron aparentemente, intentaron encender la camioneta, pero todo fue inútil, se había quedado sin gasolina.....




























































¡TRANQUILO!...ES SOLO MI ABUELO

¡TRANQUILO!...ES SOLO MI ABUELO

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