viernes, 26 de febrero de 2010

BUSCANDO UN PRETEXTO

Cuando amaneció, encontró un viejo baúl lleno de fotografías, esas antiguas a blanco y negro, y escuché mi nombre resonar por los pasillos de la casa, cuando me acerqué hacia él se encontraba un poco lloroso, y al observar las fotografías que sujetaba entre sus manos, me percaté de que era una donde él era un chiquillo y se encontraba junto a su padre y a su abuelo. Su abuelo había aprendido el oficio de la zapatería en prisión, justo cuando lo habían metido al bote por jovenzuelo insolente, , mi abuelo hacia unos ademanes regraciosos intentando recordar como su abuelo había forcejeado con el hacendado, mientras torcía su brazo sacaba la lengua y los ojos le brillaban un poco chuecos, < ¡ban!, ¡ban!, sonó en la taberna y un balazo atravesó la pierna de Valverde, fue en esos instantes que mi abuelo jovencito, fue detenido y puesto en prisión por orden del alcalde, ya que la otra bala había atravesado el pie del burgomaestre del pueblo>, no podía creer que mi abuelo me contara que su abuelo, es decir mi tatarabuelo, hubiera estado en prisión, por tremendo lio. Claro que después me aclaró que la estadía no había superado los quince días, ya que mucho sirvieron las influencias del padre de su abuelo para dejarlo en libertad después de que pagara éste una fianza no muy pequeña por su libertad.
Unas lágrimas se deslizaron por las mejillas de mi abuelo, mientras esta vez me contaba que su abuelo en sus ratos libres le hacia los mejores zapatos del mundo desde pequeño, me contaba mi abuelo mientras contemplaba aquella vieja fotografía a blanco y negro, al observarla pude ver los ojos claros de mi bisabuelo (el padre de mi abuelo), los cachetes redondos de mi tatarabuelo (el abuelo de mi abuelo), y comprendí que hay ciertas características que tiene cada familia y que no se pueden cambiar así pasen cien años y que si alguien buscaba un pretexto para llorar en aquél instante era uno muy bueno. Y era un buen momento para entender dulcemente la rebeldía que llevábamos dentro y que corría por nuestra sangre y por un momento pude ver el brillo en los ojos de mi abuelo cual si fuera un chiquillo de nuevo, y mientras el sol doraba sus cejas blanquecinas, pude imaginar los hermosos zapatos que confecciona su abuelo, si que eran preciosos y brillaban como el cielo.
En ese momento lo abracé y le dije que todo tenía su tiempo, que el tiempo pasaba muy deprisa y que lo único que quedaba al final eran los recuerdos, en eso un silencio nos tomó de sorpresa, sus labios se estiraron mostrando una triste sonrisa y me dijo mirando mi brazo puesto sobre su hombro,
< Está bien, está bien, quítame ese brazo de encima, dejémonos de mariconadas o quieres también darme un beso>.



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¡TRANQUILO!...ES SOLO MI ABUELO

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