Cuando lo vi entrar a la casa, con su sombrero y su saco plomizo mientras que con la mano derecha sujetaba un celular, quedé absorto.
-Si claro mamita, por supuesto, claro que te ayudaré, te daré el dinero cuando me des lo que me merezco.
El abuelo parecía entusiasmado, sus rodillas temblaban de alegría, mientras bailaba el asereje entre sus sueños.
Cuando me vió colgó inmediatamente el aparato.
-Hola, ya estará el almuerzo. Fue lo único que me dijo con rostro serio.
-¿Con quién hablabas?, ¿dime?. Le inquirí como el nieto que quiere a su abuela, pero es hombre al igual que su abuelo.
-No sabes, hijo, no sabes lo que tengo que hacer para deshacerme de esa mujer, que me llama y me llama y ya no sé qué responder, a veces, no quiero contestar, pero ni bien me llama a la segunda me doy por vencido y contesto y luego me pongo calenturiento, ahora que dice que está en periodo de lactancia y que esta cargada de leche, me quiere dar un poquito de beber dice que es bueno para la enfermedad de la gota y ya no resisto. Me dijo mi abuelo preso de la lujuria y el descontrol senil.
Pero no podía creer que a esa edad se perdiera la cabeza de esa manera, y mi pobre abuela llamándolo para almorzar.
-Ya tranquilo, yo te ayudaré, dame tu celular, cuando te llame yo te ayudaré a no contestar. Le dije en tono esperanzador.
-.¿Tú crees que resulte?, me preguntó entusiasmado.
-Tú sólo observa. Le respondí, cuando el celular empezó a timbrar.
Él quiso contestar inconscientemente, pero se lo prohibí, le arranché el celular inmediatamente, él me imploró que contestara, pero yo me negué, hasta adujo que podría tratarse de su amigo Carazas, pero era imposible, ya que dicho señor estaría mas caduco que él mismo matusalén y aún proseguía en la búsqueda de sus padres, aquel señor no tenía cabeza para estas cosas. Cuando el celular dejó de timbrar en la pantalla figuraban cuatro llamadas perdidas.
-Vez que se puede, le dije mientras le devolvía el celular.
-Si tienes razón, hijito, gracias, me respondió alegremente.
Cuando nos dirigimos al comedor como buenos amigos, ni bien ingresamos mi abuela lo recibió con la peor de sus caras, la saludé y nos sentamos, cuando de pronto el celular volvió a timbrar.
-Abuelito, no contestes, ¡abuelito!, ¡contrólate!, abuelito.....
-No puedo, no puedo, tengo que contestar, me respondió mientras buscaba el celular dentro de su saco.
Al fin el celular emergió desde las profundidades apolilladas de su existencia, cuando un sartenazo le cayó en la cabeza. Era mi abuela.
-¿Con que tienes plata para comprar estas tontera?, seguramente chiquillo te crees, celular a tu edad Juan, te pasas, eres un viejo enfermo, dijo mi abuela llena de impotencia.
El celular volvió a sonar, esta vez mi abuelo contestaría, pero un jalón de orejas por parte de mi abuela aniquiló sus pretensiones.
-Con que te están llamando, y a la hora del almuerzo, a ti, quien podrá ser, seguro una de tus mujerzuelas, dijo mi abuela mientras sujetaba la oreja de mi abuelo, el celular continuaba timbrando.
-Mujer déjame contestar, seguramente debe ser mi amigo Carazas, el también se compró uno conmigo, lo hicimos para llamarnos y de esa forma el ya no tiene que gastar la poca vejez que le queda en visitarme, dijo mi abuelo sin mucha credibilidad.
El celular nuevamente timbró, cuando mi abuela no aguantó más....
-¿Así?, entonces presta para acá el celular, dijo mi abuela mientras se lo arrebató, inmediatamente procedió a leer la pantalla, -¿Dónde dice Carazas?...mmm....aquí dice llamadas perdidas, "Llamadas de tus perdidas seguramente debe ser viejo cabrón, empezó a perseguir a mi abuelo escoba en mano por los corredores de la casa.
-No mujer, ¡¡¡nooo!!!!, eso sale cuando pierdes una llamada, por eso se dice llamada perdida, dijo mi abuelo mientras se protegía el rostro con los brazos en una esquina.
Mi abuela apelando a su juicio lógico, quiso escucharlo, cuando nuevamente el celular timbró y contestó. Mi abuela se puso roja, azul, verde, violeta, y sólo atinó a responder gritando: ...¡¡¡¡puta de mierdaaaa!!!!!.
-Con que tu amigo Carazas, ¿no?, que te has creído, que por que tengo la voz ronca esta mujer me confunde contigo y me dice que le vaya a chupar las tetas, que te crees viejo animal, dijo mi abuela mientras tomaba aire para recuperar su color.
-Y...no dijo...¿dónde estaba?, preguntó mi abuelo en tono suplicante.
-¡¡¡¡¡Viejo cochino ven para aquí que te matooo!!!!! , gritaba mi abuela con la escoba sobre la cabeza mientras mi pobre abuelo corría alrededor del pasadizo.
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